miércoles, 29 de noviembre de 2017

La Fuga

Tigre I avanza firme por banda derecha luciendo sus estandartes verdes y blancos, terminando con cualquier colorado atisbo de intentar frenar su marcha.
Cálido amanecer en la ciudad que todo lo puede, despierta nuevas esperanzas en los corazones optimistas y atemoriza más a los ya de por sí miedosos; es que con tanta mancha que luce la metrópolis algunos tienen miedo de caer en sus agujeros negros. No obstante al Tigre parece no importarle. No pertenece a ninguno de esos dos rubros. Él pertenece al grupo de aquellos que tienen convicciones y con eso basta, sin importar las características de las mismas. Deja su estela el Tigre I a lo largo de la ruta que no es ruta pero ya es ruta, mientras recorre los límites del mismo sitio del cual escapa. Ve a todos los privilegiados que ostentan todo aquello que esos quienes deja atrás carecen. Estos yacen a su izquierda y está separado de ellos por un hilo de agua no lo suficientemente potable como para saciar la sed de los más sedientos. 
Carga en su lomo cansancio el Tigre. Mentes abrumadas pero el verano se acerca y con ello el descanso. La paz. Carga el cansancio de lo más ansiosos. De los más cansados. Pero ante su convicción nada lo puede.
No está solo. Tiene muchos compañeros en su camino. Similares. Sin embargo, el Tigre I muestra un apuro innato. Aún no podemos deducir el por qué del mismo, pues su contenido no es distinto al de los demás. Avanza. Firme.
Múltiples abejas terrenales que succionan la miel de los que aún no logran escapar de ese panal andan a su alrededor, obstruyen su camino, pero a pesar de ellas el logra abrir su propio sendero. Sendero que parece estar marcado desde tiempos de la creación.
Su estela tóxica parece ser el desagote de un inodoro propio donde todo lo desechable, lo despreciable de su contenido se elimina, quedando de este modo puro. Limpio. Y todo estos desechos se juntan con el lodo que queda atrás. Lodo de una atmósfera de puentes y túneles, pegajoso como un engrudo. Quienes no tienen el privilegio de ser purificados por el Tigre, no ven en él otras cosas que lleva. No reconocen los problemas y otras numerosas historias angustiantes. Simplemente lo identifican como elemento purificador, y ese es el espíritu que  el Tigre I representa en el inconsciente colectivo, fortaleciéndose día a día. 
Saludará, a su marcha, al teatro de los sueños y transitará las calles más nerviosas. Acumulará así, más desperdicios, si bien el balance siempre dirá que fueron más los que se fueron que los acumulados. Serán entonces despreciadas las últimas cifras de nervios que se suben a su marcha y posteriormente eliminados en el mismo proceso de limpieza que a todo lo cual transita ese andar compete. Nada va a torcer el rumbo ni el objetivo del Tigre I. Quiere limpiarse. Quiere limpiar.
Empinará su camino, hará ese último gran esfuerzo. Saludará, entonces, en este tramo a los pobres afortunados que buscan fortuna. A los desafortunados que buscan ser afortunados.
Se preguntará, en ese momento que sería de los desdichados si fueran felices.
Se preguntará, en ese instante, que sería de los pobres si fueran ricos.
Luego y de refilón, lanzará una mirada a un sueño roto con forma de cruz y entonces vendrán las mismas preguntas nuevamente a su cabeza.
La ruta lo espera. Está marcada. Nos espera.
Por las próximas horas estaremos en camino. Como siempre, como cada día, con la particularidad  que esta vez siendo conscientes de ello. Inundaremos de asfalto puro y solamente puro nuestros pensamientos.
El Tigre I abordará a destino remoto en salitre especialmente mojada.
Lanzará sus últimos desperdicios durante un tiempo finito.

Y en breve lo veremos volver, cabeza en alto y fresco Tigre I, recogiendo nuevamente esa inmensa cantidad de bosta que había desechado, pero con la convicción de que esta vez va a ser menor.

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