jueves, 8 de junio de 2017

La Gazzetta

En su ritual de todas las mañanas, Giovanni, el único pelado sobre la tierra que afirmaba que su calvicie lo protegía del frío, se dirigía una vez más a lo de Báez, su diariero amigo de la calle Juramento a buscar el diario deportivo.
-  Junio, 6 grados bajo cero y vos en sweatercito, no tenés arreglo viejo – dijo Báez, encendiendo su cigarrillo – te vas a quedar congelado como Walt Disney un día de estos che.
-  Dejame de joder, ya te dije que a mi no me entra una bala. Sabes las heridas que tengo, mira si un poquito de frio me va a hacer algo, tengo la piel dura.
-  Dura tenés la cabeza. Ah, por cierto, feliz día.
7 de junio era. Día del periodista. El pasado en dicha profesión de Giovanni era poco claro, no obstante, era un tema bastante recurrente en sus recorridas matinales. Se puso serio, seco.
-  No, ya no. Ya te dije que eso es cosa del pasado. Y viste como es, che, ya no lo siento. En algún momento de mi vida fue mi ilusión, en otro un proyecto, hasta alguna vez fue un recuerdo. Hoy ya no es… como decirlo. Hoy ya no es, creo que así está bien.
-  Todos los 7 de junio lo mismo. Vas a empezar otra vez con la historieta.
Giovanni sonrió:
-  Pero, che! ¿Para qué me lo decís? ¿Sabés que creo que estás esperando escucharla?
-  No, otra vez no.
-  No le encuentro otro sentido. Porque vos no podés entender como se dieron las cosas, si no estuviste ahí. Apenas conocés un pedacito de la historia.
-  Y ahí vamos otra vez…
En ese preciso instante, se acercaba un hombre de traje y maletín consultando por el matutino. Giovanni continuó ensimismado en su mundo, un tipo de costumbre,  se sentó en el banquito blanco de plástico que siempre estaba en la entrada del puesto.
-  Miri era una mina especial. Con ella surgió todo. Todos los jueves nos juntábamos y salían solas las publicaciones. Nunca quisimos crear El Diario, surgió como algo impostergable e indefinible. Fue algo tan fugaz como mágico. Teníamos todo, menos primicias. Era un… ¿cómo los llaman ahora? ¿Magazine? Bueno, como sea. Publicábamos cualquier cosa. Lo más jugoso era todo lo que no publicábamos. Como nos reíamos che. La pasábamos bien haciéndolo. En realidad no lo hacíamos, lo vivíamos y bueno, nada, viste como es. Había que plasmarlo en algún lado. Si, perdíamos plata. Pero ganábamos risas.
“Después ahí enseguida apareció Rosa. Le daba el toque esotérico. Le agregaba color. Hacia sentir bien al cajetilla, al hippie, al drogadicto, al alcohólico. Unificaba criterios, no sabés para donde podía disparar Rosa. Yo nunca le terminé de sacar la ficha. Pero éramos dinamita che. El único semanario de la historia que se llamaba Diario. Todos los jueves nos juntábamos, ¿te dije, no? Ese mismo día lo publicábamos. Como no teníamos propaganda, la empezamos a inventar. Inventábamos productos que se vendían. Una maravilla. Para que sea más creíble para el público. Bueno, en realidad no era un Diario que tenía mucha tirada. No salía mucho a la venta, ni lo leía mucha gente. No era nuestra ocupación principal ni la que nos daba de morfar. Ninguno de los tres esperaba algo más del Diario que hacerlo en si. Es más, a veces  nos veíamos otro día de la semana para intentar idear cosas nuevas. Alguna foto de alguna edición te digo que todavía la veo y me da nostalgia. “
“El tema es cuando vino el Alemán. Vino con ideas nuevas, vino a buscar algo, todavía no entiendo bien qué carajo fue lo que vino a buscar. Pero creo que se lo llevó. No sé. Ideas nuevas, revolucionarias, para que tenga mas tirada, para que tenga mas llegada, para que la pasemos mejor. No se podía pasarla mejor amigo. No sé por que lo traje en realidad, sentía que mis compañeras pensaban que podía sumar. De hecho intentamos traer a otro pero era demasiado pescado, ¿viste?. Tanta idea nueva, tanta innovación que empezamos a perdernos ideas del otro, que las conversaciones paralelas, que podríamos hacer esto o aquello, que tanto, ¡che!”
“No duro mucho, por eso te digo. Habrán sido ocho, nueve meses, menos de un año seguro. Empecé a percibir que la magia se estaba acabando. Entonces les dije a Miri y al Alemán, tenían que hacer algo juntos, encarar un proyecto aparte, podían andar bien. La Rosa no estaba en sintonía con nosotros, medio que hacía la suya y empezó a aparecer cuando se le cantaba la gana. La cagada de todo fue que yo sabía que se iba a pudrir, lo presentí el día que vino el Alemán por primera vez y nos reunimos en esa terraza. No se como, pero se dejo de tirar. En realidad lo dejamos de hacer nomás, nunca se tiraba El Diario viste. “
“Me hicieron caso Miri y el Alemán, parece que ahora pusieron una revista para chicos. Ojalá les vaya bien, hace ya bastante que no tengo mucha más noticia de ellos que esa. Rosa no sé, le interesaba el asunto del periodismo pero quería prepararse con tiempo. No siguió nuestro ritmo pero parece que quiere arrancar algo. Una tipa académica. Estaba de pasante en el lugar que laburaba yo hasta hace algún tiempo. ¿Qué si la veía? Poco y nada. Hola y chau como máximo llegamos a intercambiar. Creo que no elaboré bien el duelo del Diario, tengo esa sensación. Pero ellas para mi eran el Diario o no eran nada. Semanario, bueno, como quieras. Mirá si un día estoy contando esto –raro igual, no lo cuento mucho, no me gusta hablar del tema – y me escuchan. Con lo orgulloso que soy, que vergüenza, che. Te decía, parece que la Rosa mantuvo un poco el contacto con los otros dos. Cosa rara, pareciera yo el problema. Ellos no quisieron aceptar al Diario tal como era. Si quieren hacer otra cosa que le pongan otro nombre, pero la pucha, que no me la vengan con que el Diario mutaba. Si muta es otra cosa. Si una naranja se convierte en una mandarina es una mandarina, no existen las naranjas mandarinizadas. Bueno, no es un excelente ejemplo, pero me tenés que entender, tengo algunas heridas che.”
“Ah, no te conté la última, podés creer que estoy laburando con la de la competencia. Si, en este asunto de las fotos, me toca trabajar con la flaquita esa, la rubiecita de la competencia que no tragábamos. No tanto por la competencia que representaba para nosotros – no era mucha, por cierto – sino porque era algo más que hacía a nuestra esencia. Era parte del ritual che. Los martes la veíamos pasar y nos  generaba bronca. A Miri y a mí, en realidad, porque los martes nos juntábamos por temas del otro laburo, viste. Los otros dos no la conocían. Te decía, la de la competencia resultó buena calaña. Un tiempo antes que Rosa también estuvo de pasante donde andaba laburando yo, y ahora mira, la tengo acá. Es mi compañera. Como me gustaría contarle esto a Miri pero ya no la veo viste. Esta muy metida con el Alemán en eso de los nenes. “
”Parece que ahí donde escribíamos el Diario hicieron un loquero. No sé, a mi me cuesta creerlo pero una compañera del laburo anterior mío – antes que arranqué con esto de la fotografía, no sé si te conté, che – parece que terminó ahí. Nunca había sido muy normalita igual. Yo si no lo veo no lo creo.  A propósito, ya que insistís en saludarme en mi día. ¿Vos sabés cuándo es el día del fotógrafo?”
Báez no escucho la pregunta. En realidad, Báez había estado siguiendo con su rutina, en esos momentos le cobraba un libro para colorear a una madre con la hija. Al advertir que había cesado el relato de Giovanni, intuyó que había sido con una pregunta y respondió:
-  Justo eso no sé. Que se yo, viste la vida sigue. Pasan cosas, hay que tratar de no quedarse enganchado con las cosas.
-  Si viste, pero no duelen menos por eso. Era lindo lo que teníamos armado. Y vos me venís con que el frío en la cabeza. Frío en el alma tienen todos estos, como pueden tirar por la borda todo lo que uno construye.
En estos momentos el canillita parecía haber entrado en modo piloto automático. Contestaba mirando el termo y el mate, y con más atención en el alerta de la radio que en sus propias palabras.
-  El tiempo y la vida misma corre. Estoy con clientes, Gio. No puedo darte bola todo el tiempo. Además, te dije que ibas a arrancar con lo mismo de siempre, una cagada que haya terminado así, pero superalo.
-  Sabés que pasa, esas son las cosas que pegan en la cabeza, amigo, no el frío. El asunto es sentir lo que se hace, lo que se piensa, y lo que se dice. Sino, somos todos periodistas, somos todos compañeros, somos todos amigos. Che, ando confundido, ¿qué fecha es hoy?
-  7 de junio – dijo Báez, exasperado.

-  ¿Y no me vas a decir feliz día?