jueves, 21 de septiembre de 2017

Carta a un soñador

Esto es para vos. Que le prometiste a tu mujer embarazada que el fin de semana ibas a atajar un penal para ella, y no lo hiciste. Que el técnico te puso a quince minutos del final del partido y al borde de la línea de cal te dijo “lo vas a empatar” y la única que tuviste te pasó entre las piernas. Que desde la primera vez que la viste sonreir aseguraste que la ibas a conquistar, y nunca llegó el beso. Para vos, que fuiste decidido a sacarte un diez y dar el batacazo en la materia más difícil y el monstruo te termino comiendo a vos como a uno más. A vos también, que dijiste que ibas a promocionarla y terminaste recursando. Para usted, que se juró conseguir el empleo a pesar de todo y logró llegar a la segunda entrevista y ahí el destino puso fin a su premisa. Para ustedes, vivos en el recuerdo de los que todavía vagamos por acá, que prometieron ganarle a esa enfermedad de mierda, y no. Y no. Para vos que dijiste que ibas a volver después de la lesión a ser la de antes, y nunca pudiste volver a correr sin dolor.  Para ustedes muchachos, que después de años de pelearla y su sueño de convocar miles de personas en fastuosos estadios se tuvo que conformar en un demo mal acabado.
Recuerden esa sensación. ¿Te acordás lo resplandeciente que te sentías el primer día de clases? ¿Cuándo la viste por primera vez? ¿El primer ensayo? ¿Te acordás, pero te acordás realmente la adrenalina que tenías ahí a punto de entrar a jugar los últimos minutos del partido? ¿El entusiasmo? ¿Podés evocar la seguridad que sentías de que ibas a terminar haciendo el gol que le prometiste a tu nena? ¿Los nervios, y a la vez, la esperanza de romperla antes de entrar al aula en ese final? Lo habías prometido.
Esto es para vos entonces. Para ustedes. Existen también. Hoy me acuerdo de ustedes. Mal acostumbrados a consumir las historias con final feliz nos olvidamos de los soñadores. En los diarios siempre van a salir declaraciones del estilo “mi compañero de concentración me dijo que iba a hacer dos goles”. Nunca vamos a leerlo cuando no pase. Pues bien, estas líneas intentan, redimirlos en parte. Volverlos tangibles. No son raros. No están solos.
Todo eso que tiene un nombre. Se resume en una palabra. Ilusión. Y la ilusión inevitablemente se alía con la confianza. Si nos damos el lujo de soñar, de ilusionarnos, es porque creemos que vamos a poder.
Ilusión. La que vivimos a diario. La que nos mantiene vivos. De cualquier índole. De cualquier estilo. Trasciende la realidad misma porque vive en nuestras almas.
Y sepan ustedes, compañeros entusiastas, que ese estado de gracia en el cual nos encontramos en dichas ocasiones, es también parte de la satisfacción final. Nos sentimos vivos. Sentimos que encontramos algo y nos ponemos una meta, una obligación personal por la cual luchar que va más allá de lo meramente necesario. Y que vale la pena.
Que vale la pena porque uno de los componentes más importantes del vacío y la desazón de la ilusión no concretada, es justamente la falta de la misma. Simplemente que cuando logramos el cometido una alegría reemplaza a la otra. La alegría de lo realizado viene a reemplazar la alegría de sentirse ilusionado.
Distinto es, amigo, cuando viene la frustración a reemplazar a la ilusión. Entonces nos sentimos solos. Entonces la pelotita no entro. Te dijo que no. Cualquier cosa te llamamos. Te esperamos en la próxima instancia evaluatoria. Y te habías jurado lograrlo. Y no pudiste.
Pero así como tocas fondo, apoyas el pie y volvés a salir a flote. En busca de una nueva ilusión. Que en alguna ocasión, como a todos, va a convertirse en realidad. Y ahí. Cuando atajes el penal. Cuando te digan que promocionaste la materia, cuando le estampes la boca de un beso. Cuando vuelvas con el laburo, cuando hagas el gol, ahí, cuando la pelota se hunda en lo más profundo del ángulo de la red, recordá que hay otros tantos peces ilusionados y frustrados en el mar. Tantas promesas incumplidas.

Acordate que existen, y escribiles unas líneas que, ojalá que no, pero probablemente - de eso se trata este juego - en algún momento te va a venir bien leerlas a vos mismo.