En su
ritual de todas las mañanas, Giovanni, el único pelado sobre la tierra que
afirmaba que su calvicie lo protegía del frío, se dirigía una vez más a lo de
Báez, su diariero amigo de la calle Juramento a buscar el diario deportivo.
-
Junio, 6 grados bajo cero y vos en sweatercito, no tenés arreglo viejo –
dijo Báez, encendiendo su cigarrillo – te vas a quedar congelado como Walt
Disney un día de estos che.
-
Dejame de joder, ya te dije que a mi no me entra una bala. Sabes las
heridas que tengo, mira si un poquito de frio me va a hacer algo, tengo la piel
dura.
-
Dura tenés la cabeza. Ah, por cierto, feliz día.
7 de junio
era. Día del periodista. El pasado en dicha profesión de Giovanni era poco
claro, no obstante, era un tema bastante recurrente en sus recorridas
matinales. Se puso serio, seco.
-
No, ya no. Ya te dije que eso es cosa del pasado. Y viste como es, che,
ya no lo siento. En algún momento de mi vida fue mi ilusión, en otro un
proyecto, hasta alguna vez fue un recuerdo. Hoy ya no es… como decirlo. Hoy ya
no es, creo que así está bien.
-
Todos los 7 de junio lo mismo. Vas a empezar otra vez con la historieta.
Giovanni
sonrió:
-
Pero, che! ¿Para qué me lo decís? ¿Sabés que creo que estás esperando
escucharla?
-
No, otra vez no.
-
No le encuentro otro sentido. Porque vos no podés entender como se
dieron las cosas, si no estuviste ahí. Apenas conocés un pedacito de la
historia.
-
Y ahí vamos otra vez…
En ese
preciso instante, se acercaba un hombre de traje y maletín consultando por el
matutino. Giovanni continuó ensimismado en su mundo, un tipo de costumbre, se sentó en el banquito blanco de plástico
que siempre estaba en la entrada del puesto.
-
Miri era una mina especial. Con ella surgió todo. Todos los jueves
nos juntábamos y salían solas las publicaciones. Nunca quisimos crear El
Diario, surgió como algo impostergable e indefinible. Fue algo tan fugaz como
mágico. Teníamos todo, menos primicias. Era un… ¿cómo los llaman ahora?
¿Magazine? Bueno, como sea. Publicábamos cualquier cosa. Lo más jugoso era todo
lo que no publicábamos. Como nos reíamos che. La pasábamos bien haciéndolo. En
realidad no lo hacíamos, lo vivíamos y bueno, nada, viste como es. Había que
plasmarlo en algún lado. Si, perdíamos plata. Pero ganábamos risas.
“Después
ahí enseguida apareció Rosa. Le daba el toque esotérico. Le agregaba color.
Hacia sentir bien al cajetilla, al hippie, al drogadicto, al alcohólico.
Unificaba criterios, no sabés para donde podía disparar Rosa. Yo nunca le
terminé de sacar la ficha. Pero éramos dinamita che. El único semanario de la
historia que se llamaba Diario. Todos los jueves nos juntábamos, ¿te dije,
no? Ese mismo día lo publicábamos. Como no teníamos propaganda, la empezamos a
inventar. Inventábamos productos que se vendían. Una maravilla. Para que sea más
creíble para el público. Bueno, en realidad no era un Diario que tenía mucha
tirada. No salía mucho a la venta, ni lo leía mucha gente. No era nuestra
ocupación principal ni la que nos daba de morfar. Ninguno de los tres esperaba
algo más del Diario que hacerlo en si. Es más, a veces nos veíamos otro día de la semana para
intentar idear cosas nuevas. Alguna foto de alguna edición te digo que todavía
la veo y me da nostalgia. “
“El tema es
cuando vino el Alemán. Vino con ideas nuevas, vino a buscar algo, todavía no
entiendo bien qué carajo fue lo que vino a buscar. Pero creo que se lo llevó.
No sé. Ideas nuevas, revolucionarias, para que tenga mas tirada, para que tenga
mas llegada, para que la pasemos mejor. No se podía pasarla mejor amigo. No sé
por que lo traje en realidad, sentía que mis compañeras pensaban que podía sumar. De
hecho intentamos traer a otro pero era demasiado pescado, ¿viste?. Tanta idea
nueva, tanta innovación que empezamos a perdernos ideas del otro, que las conversaciones
paralelas, que podríamos hacer esto o aquello, que tanto, ¡che!”
“No duro
mucho, por eso te digo. Habrán sido ocho, nueve meses, menos de un año seguro.
Empecé a percibir que la magia se estaba acabando. Entonces les dije a Miri y
al Alemán, tenían que hacer algo juntos, encarar un proyecto aparte, podían
andar bien. La Rosa
no estaba en sintonía con nosotros, medio que hacía la suya y empezó a aparecer
cuando se le cantaba la gana. La cagada de todo fue que yo sabía que se iba a
pudrir, lo presentí el día que vino el Alemán por primera vez y nos reunimos en
esa terraza. No se como, pero se dejo de tirar. En realidad lo dejamos de hacer
nomás, nunca se tiraba El Diario viste. “
“Me
hicieron caso Miri y el Alemán, parece que ahora pusieron una revista para
chicos. Ojalá les vaya bien, hace ya bastante que no tengo mucha más noticia de
ellos que esa. Rosa no sé, le interesaba el asunto del periodismo pero quería
prepararse con tiempo. No siguió nuestro ritmo pero parece que quiere arrancar
algo. Una tipa académica. Estaba de pasante en el lugar que laburaba yo hasta
hace algún tiempo. ¿Qué si la veía? Poco y nada. Hola y chau como máximo
llegamos a intercambiar. Creo que no elaboré bien el duelo del Diario,
tengo esa sensación. Pero ellas para mi
eran el Diario o no eran nada. Semanario, bueno, como quieras. Mirá si un día
estoy contando esto –raro igual, no lo cuento mucho, no me gusta hablar del
tema – y me escuchan. Con lo orgulloso que soy, que vergüenza, che. Te decía,
parece que la Rosa
mantuvo un poco el contacto con los otros dos. Cosa rara, pareciera yo el
problema. Ellos no quisieron aceptar al Diario tal como era. Si quieren hacer
otra cosa que le pongan otro nombre, pero la pucha, que no me la vengan con que
el Diario mutaba. Si muta es otra cosa. Si una naranja se convierte en una
mandarina es una mandarina, no existen las naranjas mandarinizadas. Bueno, no
es un excelente ejemplo, pero me tenés que entender, tengo algunas heridas
che.”
“Ah, no te
conté la última, podés creer que estoy laburando con la de la competencia. Si,
en este asunto de las fotos, me toca trabajar con la flaquita esa, la rubiecita
de la competencia que no tragábamos. No tanto por la competencia que
representaba para nosotros – no era mucha, por cierto – sino porque era algo más
que hacía a nuestra esencia. Era parte del ritual che. Los martes la veíamos
pasar y nos generaba bronca. A Miri y a mí,
en realidad, porque los martes nos juntábamos por temas del otro laburo, viste.
Los otros dos no la conocían. Te decía, la de la competencia resultó buena
calaña. Un tiempo antes que Rosa también estuvo de pasante donde andaba
laburando yo, y ahora mira, la tengo acá. Es mi compañera. Como me gustaría
contarle esto a Miri pero ya no la veo viste. Esta muy metida con el Alemán en
eso de los nenes. “
”Parece que
ahí donde escribíamos el Diario hicieron un loquero. No sé, a mi me cuesta
creerlo pero una compañera del laburo anterior mío – antes que arranqué con
esto de la fotografía, no sé si te conté, che – parece que terminó ahí. Nunca
había sido muy normalita igual. Yo si no lo veo no lo creo. A propósito, ya que insistís en saludarme en
mi día. ¿Vos sabés cuándo es el día del fotógrafo?”
Báez no
escucho la pregunta. En realidad, Báez había estado siguiendo con su rutina, en
esos momentos le cobraba un libro para colorear a una madre con la hija. Al
advertir que había cesado el relato de Giovanni, intuyó que había sido con una
pregunta y respondió:
-
Justo eso no sé. Que se yo, viste la vida sigue. Pasan cosas, hay que tratar
de no quedarse enganchado con las cosas.
-
Si viste, pero no duelen menos por eso. Era lindo lo que teníamos
armado. Y vos me venís con que el frío en la cabeza. Frío en el alma tienen
todos estos, como pueden tirar por la borda todo lo que uno construye.
En estos
momentos el canillita parecía haber entrado en modo piloto automático.
Contestaba mirando el termo y el mate, y con más atención en el alerta de la
radio que en sus propias palabras.
-
El tiempo y la vida misma corre. Estoy con clientes, Gio. No puedo darte
bola todo el tiempo. Además, te dije que ibas a arrancar con lo mismo de
siempre, una cagada que haya terminado así, pero superalo.
-
Sabés que pasa, esas son las cosas que pegan en la cabeza, amigo, no el
frío. El asunto es sentir lo que se hace, lo que se piensa, y lo que se dice.
Sino, somos todos periodistas, somos todos compañeros, somos todos amigos. Che,
ando confundido, ¿qué fecha es hoy?
-
7 de junio – dijo Báez, exasperado.
-
¿Y no me vas a decir feliz día?
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