Cerraron
veinte locutorios en las Antillas Holandesas. Punto. Enter, espacio.
Voy a
contarte algunas cosas que pasaron este tiempo.
Cerraron
veinte locutorios en las Antillas Holandesas. Leímos las segundas partes de
todos los libros que alguna vez compramos sin mucha expectativa.
Mataron
cien pacientes. Salvaron diez. Operaron mil. Ganaron, perdieron.
Fue el pase
más caro de la historia por quince minutos. Después vino la oferta más grande
de la historia.
Me lesioné
y me recuperé. Me resentí de la misma lesión y también dejó una marca en mí,
tampoco volví a ser el mismo.
Estás más
linda, pero ella también está cambiada. Te empujan y te sacan todo lo que no
sabés que no necesitás. No andes más por ahí.
Madrugaste
muchas veces, y otras no volviste, de eso estamos seguros. En cambio para mí
siguió siendo de día. Te estás tomando unos mates mientras lees esto. Seguro.
Me pregunto que mentira andarás cebando por ahí.
Reeditamos
viejos consuelos. Volvimos a grabar.
Ladran unos
perros afuera, ahora mientras suenan los dedos en mi teclado.
Me puse un
parripollo, lo fundí. Fui yo, no fueron ellos. Me puse un kiosco, una panchería
e importé algunos teléfonos usados (como los subtes, ¿viste?) de las Antillas.
No era compatible la ficha.
Secreteamos
varias noches. Me enteré de muchas cosas.
Grité
llorando y lloré gritando. Me emocioné y me conmoví sin motivos ni
explicaciones.
Cada vez
más complicado se pone. Cada vez más enroscado, cada vez más menos accesible.
Se fueron los
amigos del puesto. Vino otro, lo partió.
A la
esquina si le fue bien. Está llena de vida. Las luces dicen que te quieren ver
aunque no te conozcan.
Instalé
diez programas en el celular, en la computadora. Desinstalé doce. Los volví a
instalar.
Arrastramos
situaciones que no pensábamos alguna vez iríamos a arrastrar. Me reconcilié con los que ya no tengo
ganas de reconciliarme.
Titubeé
pensando en lo que confiaba.
Me tomé el palo varias veces, no volví todavía. El vuelo se demoró otras tantas.
Perder el último atisbo de vida exterior que aún conservo. Directo y sin revisión. Y estoy dispuesto. Quedamos nosotros. Somos los que estamos, estamos los
que somos. Siempre fiel a lo que siento, no va a ser la excepción.
Siempre el
celeste y blanco del cielo va a ayudar. Siempre el paraíso me abre sus puertas,
aunque se cierren otras.
Hacerla bien. Eso falta.
Este texto ya tuvo demasiados puntos finales. No sé cuántos
más tendrá, no tengo ese dato para confirmártelo en este momento. Con tilde y
acento, diría el profesor.
Maestro de pocos alumnos, guía de muchos, tedio de otros.
Plomero gasista matriculado, tengo tiroides y emociones. Electricista cocinero gourmet, chef taxista.
Taxi driver, ¿Are you talking to me? Reparador de celulares, instalador
de cartuchos, diamante en bruto, bruto demente.
Escritor frustrado, hablo cinco idiomas y manejo solo el
chino mandarín. Cuento los días y rezó que no haya obstáculos, hacer la fila,
esperar. Una luz. Te dije que iba a estar. Gracias por tanto.
No fluye, no agrega. Especialista en no especializarme,
master en insomnio, salvate pibe, andate a Harvard. Omití la bosta. La pelota
siempre al 10, pero mirame el numero amigo, tengo la 5 y a lo sumo buen primer
pase. Hasta el final del círculo central juego yo, más no.
Se rompieron setescientos sesenta y tres molinetes, se
quedaron catorce ascensores, el corrector me corrigió mal doscientas
veintisiete palabras. Se cortó el video cuarenta y cuatro veces.
Ciento noventa y seis minutos de espera de colectivos
dedicadas a encontrarle un sentido a este yogur sin sabor, pero el 53 no me deja en Once. Entonces me dedico a disfrutar la espera.
Experiencia laboral escasamente escasa, viajé a los juegos
olímpicos, comí chocolates varios, sigo debiendo apuestas y promesas. Caminé veinte cuadras, entré en una estación de servicio, el aire me hizo compañía. Le
hablé a un cabello lacio que reposaba sobre una espalda. Me diste tu número de
CUIT y ni siquiera era el tuyo.
Camina el
texto, sin coherencia ni cohesión. Como nosotros.
Cierro el
sobre.
Remitente:
especulador nato, fotógrafo profesional con alma de mozo, administrador de
tareas, solucionador de problemas.
Destinatario:
Asterisco, punto y coma, el que no se escondió se embroma.
Asterisco, punto y coma, el que no se escondió se embroma.
Ahí vamos yendo (!)
ResponderEliminar